diumenge, 30 de desembre del 2007

LA PALABRA ...


Juan Pundik

"Estimados amigos:

A raíz de un dictamen favorable de EMEA (Agencia Europea del Medicamento),de junio del 2006, para la utilización del PROZAC (fluoxetina) en niños, solicitado por su fabricante los laboratorios Lilly, y vistas las reacciones adversas sobre las que el prospecto del propio laboratorio advierte, constituí mediante convocatoria por correos electrónicos una PLATAFORMA CONTRA LA MEDICALIZACION DE LA INFANCIA y reunidas suficientes firmas me dirigí, en junio del 2006, al Presidente de la Comisión Europea Don José Manuel Durâo Barroso, solicitándole que no avalara con su firma el dictamen de EMEA.

Al no recibir acuse de recibo ni respuesta reiteré el texto, hasta que a la 5ª reiteración recibí una respuesta que le había sido encomendada, no a los responsables de Salud Pública y Defensa del Consumidor sino, a Don Martin Terberger, Jefe de Unidad de Productos farmaceuticos de la Dirección General de Empresa e Industria, lo cual me pareció el colmo de lo descarado. De todo esto dí cuenta al entonces Presidente del Parlamento Europeo Don Josep Borrell que dió curso oficial a mi queja sobre falta de TRANSPARENCIA EN LA COMISION EUROPEA.

Con fecha 25.10.07 recibí correo de Alina Vasile, Secretaria del Comité de Peticiones del Parlamento Europeo informándome que la Comisión se reunía el 22.11.07 a las 17 horas para considerar el informe de la Comisión Europea y mi solicitud y me invitaba a hacerme presente y pronunciar un alegato.

A pesar de que no era mi primera visita a Bruselas, un recorrido exploratorio al edificio del Parlamento Europeo en donde estaba citado para las 17 horas me permitió comparar el enorme contraste entre la antigua capital de esta hoy conmocionada y escindida Bélgica, con su catedral y sus monumentos y los rascacielos de la gigantesca burocracia europea. La visita me permitió entrever lo que pagamos los europeos para mantener este pacífico ejército que salvaguarda nuestra democracia que, aunque corrupta, es la atenta vigía y custodia de nuestros derechos y libertades.

Vuelto ya a la sede del Parlamento ..."

(Para obtener todo el texto, pulsar aquí o contactar con Juan Pundik, Presidente de la Plataforma contra el Prozac y la medicalización de la infancia , e-mail: jpundik@arrakis.es ).

NOTA: este blog ha sido conceptuado para dar voz a la creatividad y a la innovación en el pensamiento y el hacer psi, plasmados en su medio escrito. La acción de Juan Pundik pone de relieve una forma de creatividad y unos valores..., que cada cual haga su lectura.

dijous, 27 de desembre del 2007

YO-YO


EL SUJETO MELANCÓLICO

Daniela Aparicio

"Hoy, se impone el narcisismo y la afirmación del yo, de un yo sin faltas ni pérdidas, todo. En esta afirmación y de su “autoestima" -eso se escucha ad nauseam- se vuelcan hoy un sector de la Psiquiatria y el Conductismo en pleno. Es la Clínica del Narcisismo. Es hora de salir al encuentro de esos “tratamientos” demoledores del sujeto con argumentos válidos de nuestra clínica. En la clínica observamos que los ataques de ansiedad o de pánico vienen a delatar el fracaso de este intento de implantar una prótesis de completud fallida. Aparentemente, asistimos al triunfo del YO y de la imagen que ofrece la fascinacion en el espejo. Esta operación reduce el sujeto a un objeto alienado al Otro en el espacio especular (La Cosa freudiana J. Lacan) Es lo que Jacques-Alain Miller llamaba en “Donc” la “locura fálica del yo”. El narcisismo determina las formas de goce para un sujeto que se defiende con su imagen como si esta fuera el soporte de su identidad, este mismo sujeto es el que se defiende del inconsciente. Este sujeto, o lo que queda de él, es el que llega a nuestra consulta.
Voy a tomar el fragmento de un caso de melancolía(paciente con una anorexia-bulimia) para ilustrar los estragos de un “tratamiento” conductista, que es reconducido en el análisis. El análisis y la transferencia introducen una duda en su certeza, y unos efectos de sujeto, de un nuevo sujeto que no es el objeto del desecho y del maltrato. El sujeto se constituye en el Otro. El sujeto se constituye también en el Otro del analista, que da otro valor a sus palabras y la importancia que esas tienen para su existencia.
Asimismo, reflexiono sobre la melancolización del sujeto actual ensombrecido por el objeto, que no acaba de hacer su propio duelo..."

Solicitar texto completo al autor: daniela@copc.es
Nota: Daniela tiene también otros artículos titulados: "Hystoria o función de la falta" y "La histeria, pasión de vacío".

dimecres, 5 de desembre del 2007

Psicoanalistas en la ciudad



(Ponencia presentada en las III JORNADAS DE LA FUNDACIÓN EUROPEA PARA EL PSICOANÁLISIS. Barcelona, abril de 2000)

Hace algunos años tuve ocasión de oír la queja de un importante gestor cultural de esta ciudad. Decía el hombre -entre irritado y deprimido- que era imposible discutir con los psicoanalistas porque acaban con cualquier controversia por el método del lanzamiento de una interpretación terminante que hace callar al oponente. Debo decir que no me sorprendió su experiencia, aunque si me hizo pensar en lo paradójico que resulta que los psicoanalistas se distinguieran por hacer callar a alguien al presentarse como detentores de saber. La paradoja estriba -es evidente- en que el lugar que hay que suponerle a un psicoanalista es aquél que causa la palabra y que el saber que se le supone es el que le permite, desde esta posición, maniobrar para que aquella pueda ser escuchada.
Por otra parte es un lugar común decir que el psicoanálisis está poco arraigado en nuestra sociedad y atribuir tal debilidad a las enormes resistencias de las formas que toma la cultura hoy en el mundo. Si bien comparto el juicio sobre la débil implantación del psicoanálisis hoy y aquí, no comparto la hipótesis que lo atribuye a la resistencia del medio. No quiere esto decir que yo desconozca que el medio es resistente, desde luego lo es. Lo que me llama la atención es la homogeneidad del enunciado “el medio es resistente” con aquel que atribuye toda la resistencia en el análisis a los analizantes. Que uno y otros resistan no debería sorprender a nadie: resiste el discurso y los psicoanalistas también resisten. Me parece que es con la propia resistencia con lo que cada quien puede operar como medida imprescindible para tratar de la presencia del psicoanálisis en el mundo.
Sabemos que, desde el principio, despertó la desconfianza, el temor, la burla y la irrisión. Plantear la existencia de la otra escena en el reino del Yo debe, necesariamente, provocar reacciones intensas -como ha sido el caso a lo largo y a lo ancho de la historia- aunque también hay que decir que ha tenido valedores de gran peso intelectual y una indudable influencia en el mundo de las artes. No es ése el caso hoy. Para seguir avanzando debo decir que, a mi modo de ver, el lugar deseable para el psicoanálisis, no está en el centro de la cultura, sino que estaría más acorde con su potencialidad subversiva situarse en un margen. (Matizaré este punto más adelante).
Sucede que, aquí y ahora, se puede decir que está más allá de los márgenes, casi fuera del campo, lo que es muy otra cosa ya que atenta a la posibilidad de transmisión y de progreso en la producción teórica.

Hay, sin duda, una relación entre el lugar que ocupa el psicoanálisis en una cultura y la posición que toman los psicoanalistas en la misma. Para empezar se puede reconocer en el psicoanalista sabelotodo una figura más abundante de lo que sería de desear. Para éste y, a pesar de las severas advertencias de Freud en sentido contrario, el psicoanálisis es una “Welstanchaung“, una concepción del mundo, un todo-terreno hábil para transitar por cualquier territorio. Se hacen hasta predicciones que desmienten que quien las hace sepa que, si bien se puede reconstruir un camino que parte del síntoma para llegar - tras no pocos meandros- al fantasma que lo causa, no se puede, sin embargo, hacer el camino en sentido contrario. Dicho en palabras llanas, nadie sabe en qué adulto se convertirá un niño aquejado, como todos, de unos padres que fallan. El psicoanálisis como método y como teoría no debe cumplir las funciones de decodificador, aunque esa sea la demanda que recibe de lo social que no se distingue en eso de la demanda del consultante: -“explíqueme, déme sentido”-. -“Explique, de sentido”-.

Hay, a mi modo de ver, una correspondencia estricta entre la posición que quiere atribuir a un psicoanalista un saber sobre “todo” y las manifestaciones de algunos psicoanalistas que parecen creer que tienen un instrumento para dar razón de cuanto ocurre en el mundo. Se puede decir que hay un fantasma compartido desde ambos lados: es la esperanza de que “todo” se pueda decir, que “todo ello” se pueda explicar.
Si esta es una cara de la moneda de la presencia de los psicoanalistas en la cultura, no es desde luego, la única: hay muchos que trabajan, regularmente, fuera del dispositivo tradicional y reciben ahí otra versión de la misma demanda: se les piden técnicas que reduzcan el malestar que promueve la cultura en nuestro tiempo. Este malestar está presente, por ejemplo en las múltiples versiones de lo que se llama “familias desestructuradas”: encontramos sujetos perdidos en la miseria económica y en la desesperanza moral, oímos hablar de niños que afirman que de mayores quieren ser delincuentes porque ése es el mejor futuro que se les alcanza imaginar. No voy a hacer un catálogo de situaciones de pobreza, soledad y desesperanza, baste con decir que el margen, aquello que se consideraba lo marginal de la sociedad y por ende de la cultura se ha ensanchado mucho y parece tender a seguir creciendo peligrosamente. Ahí en ese espacio creciente algunos psicoanalistas trabajan como clínicos y también en lo que se conoce como tareas de formación: supervisiones, asesorías, cursos, etc. Trabajan con los que trabajan en ese margen: psicólogos, educadores, maestros, profesores, enfermeros, cuidadores, personal de limpieza, trabajadores sociales... Todos ellos, sometidos a una enorme presión, piden recursos: qué hay que hacer, cómo y cuándo hay que hacerlo.

Para leer el artículo completo, pulsar aquí.

Psicoanalistas en la ciudad.

Pilar Gómez

ÚTERO, AMOR y GOCE


¿QUÉ PUEDEN ESPERAR DEL PSICOANÁLISIS LAS MUJERES DE HOY?

Las preguntas acerca de qué se puede esperar del psicoanálisis actual, en qué consiste su diferencia respecto a otro tipo de terapias que actúan también por la palabra y cuál es su respuesta al malestar neurótico de finales del siglo XX, están a la orden del día. Para algunos, el psicoanálisis solo se diferencia de cualquier psicoterapia por su larga duración, para otros, el psicoanálisis es una terapia obsoleta, solo útil para los grandes cuadros histéricos, hoy en día poco frecuentes. Es por ello que cuanto más aclare el psicoanálisis cuál es el estatuto de su acto, cuáles son sus fines , cuál es su articulación con la ciencia, con el discurso actual de la civilización , más posibilidades tendrá de existir en el futuro .

La histérica, fue la inventora del psicoanálisis en una época en la que la aparición del saber científico en la práctica médica producía la forclusión del sujeto. Su respuesta a esta situación y la docilidad de Freud a sus requerimientos dieron lugar a la aparición del psicoanálisis. Un siglo ha pasado desde entonces y algunos cambios se han producido no solo en las manifestaciones clínicas de la histeria, sino también en la fenomenología femenina. De algunos de esos cambios, que son sin ninguna duda avances en la civilización y en la vida de las mujeres, es en parte responsable el psicoanálisis, y es sin duda evidente que los decires actuales que los psicoanalistas escuchan en el diván, las demandas , los síntomas se han modificado. Por eso mismo el psicoanálisis deberá pensar cuáles son los cambios en la civilización actual que tienen importancia en lo que concierne a las mujeres , qué ha cambiado el discurso actual de los deseos femeninos, incluso de los avatares de sus pulsiones. Es sin duda evidente también que en el propio psicoanálisis se ha producido una puesta al día de algunos de sus conceptos , muy especialmente los que conciernen a la teoría de los goces y de las posiciones femenina y masculina que de ellos se deducen.

La cuestión femenina es central para entender al sujeto contemporáneo y el psicoanálisis no puede obviar esta cuestión. Freud abordó el tema en muchos y variados trabajos, situó a la mujer enteramente del lado de la castración y dejó abierta una pregunta sobre el deseo femenino. Fueron fundamentalmente las mujeres psicoanalistas contemporáneas de Freud las que sostuvieron un debate de gran altura sobre la cuestión de la sexualidad femenina en los años 30. A la muerte de Freud dos mujeres tomaron el relevo teórico del psicoanálisis: Anna Freud y Melanie Klein que influyeron decisivamente en el desarrollo de la práctica psicoanalítica con niños y en la promoción de la figura de la madre como respuesta a la pregunta freudiana sobre el deseo femenino. La consecuencia fue que dejó de hablarse de falo , de castración y de goce para hablar de maternaje, buen y mal objeto y adaptación a la realidad.

Lacan en el Congreso de Amsterdam de 1960, en un texto escrito dos años antes, reflexiona sobre la incidencia de la sexualidad femenina en lo social . Cuestiona las objeciones desarrolladas por los post-freudianos respecto a la fase fálica considerándolos desconocimientos y prejuicios. Recordémoslos: El conocimiento de la vagina, el masoquismo femenino y el temor a la penetración así como los desarrollos de Jones sobre la fase fálica. Lacan incluye sin reservas a la mujer en la fase fálica, pero se pregunta si la mediación fálica basta para dar cuenta de todo el goce femenino y de sus manifestaciones pulsionales. Es decir que abre la cuestión de que no todo en la mujer está recubierto por la castración, que la mujer es no-toda madre. Lacan le da la palabra a la mujer por primera vez en la historia del movimiento psicoanalítico y aunque más adelante señalará los límites de lo que las mujeres pueden decir, los aportes de Lacan respecto a la cuestión del goce femenino significan una clara ruptura con planteamientos anteriores, incluido Freud.

Algunos cambios en la civilización actual

1. La liberación sexual de los años 50, en la que el psicoanálisis tuvo sin duda alguna una incidencia decisiva, produjo modificaciones importantes en la vida de las mujeres. El cambio espectacular se produjo con la comercialización de los anticonceptivos en los años 60. Este hecho , junto a la despenalización del aborto, dió lugar a una verdadera separación entre sexualidad y maternidad . Desde ese momento las mujeres podían verdaderamente disponer de su cuerpo y su sexualidad y sobre todo incidir en una cuestión tan fundamental como es el control de la natalidad lo cual ha dado lugar a intensos debates acerca de los límites entre el derecho individual de la mujer y los derechos colectivos de la sociedad. Las mujeres tienen un poder nuevo para decidir cuándo, cómo y con quien tener un hijo. Una nueva libertad produce en muchas ocasiones conflictos subjetivos, síntomas nuevos en las mujeres de hoy.

2. Los modelos familiares han cambiado. Cada vez es más frecuente encontrar grupos familiares constituidos por una pareja e hijos de relaciones anteriores en las cuales los límites edípicos son muy confusos y también familias monoparentales formadas por una madre y su hijo lo cual no deja de tener consecuencias en ambos ya que la mediación paterna no solo es necesaria para el niño sino también para la madre.

3. Freud a partir de su descubrimiento de la fase fálica distingue a los dos sexos en relación a un significante único, el falo, en relación al cual los hombres están en posición de tener y las mujeres de no tener. Con respecto a las mujeres distingue tres opciones , tres salidas de la fase fálica; las recordamos: elidir completamente el sexo, negar la falta lo que constituye el complejo de masculinidad y por último la que considera la buena salida que consiste en reconocer la falta e ir a buscar un sustituto por mediación del padre. Lacan se separa aquí de Freud acentuando la dimensión del ser, de su falta, común a ambos sexos. En relación a esta falta , el hombre la compensa mediante el tener fálico , por el contrario la mujer acumula la falta en ser y la privación del órgano fálico. Pero curiosamente esta doble falta le abre la posibilidad de una compensación , el ser el falo en su relación al partenaire masculino, posición con la que Lacan define a la histeria, tan frecuente en las mujeres. El conflicto que muchas mujeres experimentan en relación al falo, es decir entre el ser el falo y el tener el falo hoy en día adopta formas nuevas y produce nuevos malestares que no se limitan a una tensión entre el ser madre y el ser mujer, sino que se manifiestan como una pugna entre la vida profesional y la vida afectiva , entre el trabajo y el amor.

4. La restitución fálica para la mujer, ya no se limita al hijo , lo cual cambia definitivamente la relación entre ambos. Si para Freud la única salida neurótica válida para la mujer era encontrar un hombre sustituto del padre para que le proporcionara un hijo que la compensara de la falta fálica, hoy en día la civilización casi no pone límites a lo que una mujer puede conseguir en el terreno fálico. Pero el goce fálico es un goce limitado que obedece a la estructura discreta del significante, y por ello está siempre en falta. Lacan en el Seminario XX subraya el hecho de que el goce fálico es aquel que no conviene: “es el goce que haría falta que no fuese. Es el correlato de que no haya relación sexual y es lo sustancial de la función fálica” , es decir que el goce fálico es el goce del que la gente se queja como insuficiente o inapropiado, no solo las mujeres, también los hombres, pero es de ellas de quienes nos ocupamos aquí.

5. Los semblantes de la feminidad no son ya los mismos que en la época de Freud y como dice Lacan en “Ideas directivas para un Congreso sobre la sexualidad femenina”: La representación de la sexualidad femenina fija la suerte de las tendencias , es decir que los cambios en las representaciones de la mujeres inciden en sus avatares pulsionales . Es por ello que resulta difícil encontrar a La dama del amor cortés, o a la joven que conservaba su virginidad como un bien precioso. Por el contrario es frecuente encontrar a la “mujer objeto” sometida a la mascarada del fantasma masculino con la ayuda de las modernas técnicas quirúrgicas, las top-models anoréxicas, o las modernas trepadoras que hacen un cálculo de su estatuto de objeto del deseo masculino. Las mujeres , la clínica nos lo enseña, se entregan al fantasma del Otro a veces hasta perderse, pero medir lo que vale una mujer en el fantasma del hombre no agota la cuestión de su propia subjetividad.

6. El declive de la figura paterna que Lacan anunciaba en “La familia” tiene sus efectos en el Edipo Freudiano. Si la función paterna ,que para Freud estaba basada en el amor y el respeto, está hoy en día seriamente cuestionada esto tendrá sin duda sus efectos en el Edipo. Un tesis de G.Morel respecto a esta cuestión resulta interesante ya que se constata en la clínica: La desunión en sus componentes de lo que estaba unido en el Edipo freudiano, el niño, el goce , el amor. La primera consecuencia la comentamos al principio, la tentación de la mujer actual de prescindir del padre para tener un hijo. La segunda consecuencia aparece también cada vez con más frecuencia: las modernas devoradoras de hombres actuales que separan amor y deseo. Lo que Freud describió como una degradación general de la vida erótica en el hombre , es decir la división entre el objeto de amor y el objeto de deseo , es un fenómeno que se observa también en las mujeres .

7. A pesar de los grandes cambios de la civilización actual, de los avances científicos que han hecho realidad la reproducción artificial, las mujeres de hoy siguen interesadas en el amor. En los testimonios de los carteles del pase un hecho se impone: las mujeres hablan del amor. Las dificultades amorosas de las mujeres constituyen un motivo de demanda habitual. La demanda de amor neurótico apela a remediar la falta en ser, que en las mujeres tiene características muy propias. Así Freud nos dice que para una mujer el temor a la pérdida del amor es equivalente al temor a la castración en el hombre y una pregunta frecuente de aquellas que acuden al analista es si se puede cambiar la vida amorosa, si las condiciones de la elección de objeto se pueden modificar.

Conclusiones
No hay duda que existe un malestar inherente a la condición humana ya que por el hecho de su entrada en el universo simbólico se produce una pérdida de goce. Pero se puede concluir además que hay un malestar inherente a la condición femenina , que la ausencia de la significación última de un significante pacificador, no deja de tener consecuencias y las conquistas femeninas en el terreno de la emancipación, de su acceso a todo aquello a lo que los hombres han tenido siempre derecho, no han hecho más que acentuar las preguntas sobre su ser.

El siglo XX se ha destacado, entre otras cuestiones, por los cambios en la condición femenina y el psicoanálisis no se ha desentendido de la cuestión. Freud a principios de los años 30 en su Conferencia sobre La Feminidad reconoce el carácter fragmentario y poco grato de sus conclusiones, y aclara , casi a modo de disculpa , que ellas se refieren a la mujer en tanto ser sexuado, no en tanto ser humano. Recomienda a aquellos que deseen saber más sobre las mujeres, que consulten sus propias experiencias de la vida, interroguen a los poetas o que esperen los avances de la ciencia. Lacan retoma la cuestión y ya a finales de los años 50 en sus ”Ideas directivas para un Congreso sobre la Sexualidad Femenina” texto que tiene como programa la promoción conceptual de la sexualidad femenina en clara oposición a la promoción de la figura de la madre, y en el que cuestiona que la mediación fálica de cuenta de todo lo pulsional en la mujer , estableciendo que si bien todo lo analizable es sexual, no todo lo sexual es analizable, cuestión que antecede a todas sus posteriores formulaciones sobre las posiciones masculina y femenina derivadas de su teoría sobre el goce. En los años 70 Lacan hablará de la existencia de un goce femenino que no se refiere ni al goce fálico ni a la castración, así en el Seminario Aún lo denomina, goce suplementario en relación al goce fálico.

¿Cuáles son las incidencias de este nuevo campo abierto por Lacan sobre el goce femenino en nuestra época?
Aunque la actual civilización ha aportado una disminución de la discriminación femenina dado que la presencia de las mujeres en el terreno laboral e institucional, es cada vez mayor y que su marco ya no se reduce a las cuatro paredes del hogar conyugal, es decir ahora que el ser mujer no se reduce a ser madre y esposa, no por ello la pregunta por el ser mujer se hace menos acuciante y probablemente sea el psicoanálisis de hoy, con los aportes de Lacan a la cuestión femenina ,el único terreno en que les queda abierta a las mujeres la posibilidad de encontrar una respuesta propia a esta problemática cuestión que en cada caso se presenta de manera muy distinta. Hay una contradicción para las mujeres y es que cuanto más incluidas estén como ciudadanas más excluida queda la pregunta sobre la diferencia sexual y como consecuencia las mujeres mismas. Es por ello que solo una por una podrá encontrar su lugar en un discurso que le sea propio.

Una de las consecuencias posibles de este campo nuevo abierto por la enseñanza de Lacan podría ser la “feminización” actual del mundo psicoanalítico. Fracasados los movimientos feministas que proponían hacer de las mujeres La Misma que el hombre, la propuesta de Lacan de hacerla Otra a ella misma, es muy sugerente. Pero las mujeres descubren que el inconsciente solo conoce el goce fálico , que el otro goce, el goce Otro, es imposible de decir y que en el inconsciente no existe ningún significante que represente a La mujer. Este es pues un límite del alcance del psicoanálisis en lo que respecta a la posición femenina. Esta conclusión puede ser decepcionante para algunas , que podrían dirigir su demanda a la religión como señala Colette Soler en varias oportunidades. La religión verdadera, dice Lacan en “La Tercera”, se vale de todas las esperanzas, las santifica, y por ello se las puede permitir todas. El psicoanálisis no promete el paraíso y no ahorrará a nadie estar afectado por las paradojas del goce, pero es hoy en día el único discurso que ofrece una segunda oportunidad. La propuesta analítica significa la posibilidad de una nueva elección sobre el núcleo que producía horror, un efecto por tanto sobre la posición del sujeto, sobre su deseo, logrado mediante el saber que ha producido sobre su inconsciente. El psicoanálisis ofrece una nueva oportunidad ya que permite un nuevo encuentro con Das Ding y por tanto una posibilidad de anudamiento RSI-sinthome distinta. Y esa es una oferta válida para cualquier sujeto, sin distinción de sexo.

Acabaré exhortando a los psicoanalistas a participar en el debate sobre el sexo que es uno de los más importantes para nuestra civilización. Lo que la experiencia psicoanalítica testimonia es que hay dos tipos de goce: un goce fálico común a los dos sexos y un goce Otro más allá del órgano, goce que no entra en el desfiladero significante. Aunque las mujeres tiene un acceso más frecuente a ese goce Otro, también hay hombres que lo han experimentado por la vía del misticismo. Lo importante es recordar que la disimetría de los sexos es irreductible y aunque eso no debe significar caer en la fascinación del enigma femenino tampoco debemos creer que la mujer haya conseguido todo aquello a lo que tiene derecho.

Carmen Lafuente
10457clb@comb.es

dilluns, 3 de desembre del 2007

De críticas y resistencias


Siete críticas habituales al psicoanálisis y a la cura analítica
Manuel Baldiz

(Fragmento ligeramente modificado del capítulo 10 del libro “El psicoanálisis y las psicoterapias”, Biblioteca Nueva, colección Diván el Terrible, 2007)

Las críticas que vamos a examinar y tratar de rebatir son críticas que aparecen no solamente desde aquellos que abominan de todo lo que suene a psicoterapéutico en general, sino que surgen incluso con cierta frecuencia en la boca y en la pluma de algunos representantes de las más diversas psicoterapias.
Las reduciremos a siete:
1-Que es demasiado caro.
2-Que es demasiado largo.
3-Que no es científico ni evaluable.
4-Que lo reduce todo a la sexualidad.
5-Que lo intelectualiza todo y no tiene en cuenta las emociones y los sentimientos.
6-Que lo remite todo al pasado.
7-Que no sirve para las verdaderas enfermedades mentales sino solamente para los “problemas de la vida”.

(para leer todo el articulo, utilizar el enlace http://xoroi.com/7criticas.doc)

dimecres, 21 de novembre del 2007

¿Puede el psicoanálisis ser políticamente correcto?


1.Psicoanálisis y sociedad.

La relación del psicoanálisis con la sociedad en la que analistas habitan y operan es estructuralmente conflictiva. Su naturaleza intrínsecamente cuestionadora, su vocación por poner en duda certidumbres y el constante apuntar a la falta cada vez que el narcisismo cristaliza, hacen que sus vínculos con el discurso dominante sean siempre tensos e impiden que el psicoanálisis sea aceptado por los portavoces de dicho discurso.
Cuando el psicoanálisis ha adquirido el carácter de corriente predominante en el pensamiento oficial, más que aceptado ha sido fagocitado, ya que ha sido al precio de una renuncia a los principios básicos que constituyen su núcleo ético, a saber su carácter subversivo, su naturaleza cuestionadora: lo más cortante su filo en tanto herramienta conceptual.
Así sucedió en USA, en las décadas de los 40 y de los 50. El psicoanálisis fue plenamente aceptado por la psiquiatría oficial, en la forma de Ego Psychology, porque era congruente (en sus objetivos adaptativos) con la apuesta por el “American way of life” de una medicina al servicio de la consolidación de un sistema.
Aún quedan muchas huellas de ese psicoanálisis en los tratados americanos de psiquiatría actuales basados en el sistema de clasificación de la American Psichiatric Asociation (DSMIV) - el Talbott, por ejemplo - de extenso uso en todo el planeta. Esas huellas no señalan una apertura de dichos sistemas clasificatorios a los principios del psicoanálisis, sino que al contrario, enseñan como algunos conceptos extraídos de esa particular manera de entenderlo (la Ego Psychology) han sido convertidos en una herramienta conceptual más de la línea que objetivante del sujeto.
En su intento de adaptarse, en su deseo de ser aceptado por la medicina oficial, el psicoanálisis acabó formando parte del arsenal teórico de una psiquiatría objetivante - véase “medicina basada en la evidencia”, y aplíquese a lo psíquico - y pretendidamente ateórica.

2.El Discurso Médico.

En gran medida la imagen que la sociedad tiene de nuestra práctica depende de la que le ofrece el “Discurso Médico”, cuya manifestación más clara es, por el territorio que comparte con nuestra práctica, el de la psiquiatría oficial. Es erróneo confundir dicho discurso con las personas de los médicos, ya que éstos - si bien son sus agentes – son también sus primeras víctimas.
El Discurso Médico es un instrumento de dominio de carácter ideológico, que no sirve a médicos y pacientes, sino a un sistema que apunta a su propia perpetuación. En esa perspectiva, objetiva no solo enfermedades, síntomas y signos, sino también a médicos y pacientes.
En función de sus particulares “criterios de productividad” promueve, por ejemplo, que los médicos dispongan de un promedio de cuatro minutos por paciente para pasar consulta en la atención primaria.
Los médicos no se identifican necesariamente con ese discurso. Hay ya un movimiento que responde a lemas como “queremos volver a ser médicos” o “diez minutos por paciente” que da curso a su disconformidad.

3.El problema de las resistencias

De la misma manera que puede confundirse ese tipo particular de Discurso Médico con los sujetos que son su correa de transmisión y aún sus víctimas, también puede confundirse al psicoanálisis con un tipo particular de estilo discursivo de cierto psicoanálisis. Por ejemplo, cuando un psicoanalista se presenta pretendiendo ser portavoz de un Saber absoluto, cerrado e incuestionable, y atribuye cualquier crítica que se le formula a las ya célebres resistencias al psicoanálisis.
Si el psicoanálisis se mantiene afilado, no cabe la menor duda de que generará resistencias allí donde sea aplicado. En cierto sentido, más resistencia cuanto mejor se aplique. De la misma manera que en la clínica, y como Freud lo demostrara en sus escritos técnicos, es al aproximarse al núcleo reprimido - patógeno, decía Freud - cuando la resistencia se pone de manifiesto, y su fuerza inversamente proporcional a la distancia de ese núcleo: cuanto más cerca, mayor es la resistencia. Es lógico: cuando cuestiona los criterios economicistas, cuando se opone a la objetivación de los sujetos que el discurso médico propone, o cuando apunta a la división de un sujeto unificado imaginariamente por dicha objetivación (sea el paciente, sea el médico) el psicoanálisis despierta resistencias.
Pero, como en cada cura, los analistas operamos. Pensar que la imagen negativa que del psicoanálisis tiene la sociedad, la cultura o la medicina se debe a las resistencias que genera en los potenciales interlocutores es lavarse las manos, y confundir el análisis de las resistencias con un pulso con el paciente para que renuncie a ellas es un grave error técnico. ¿Qué lo justifica, entonces, en lo que hace a la incidencia del psicoanálisis en la sociedad?
El doctor Julio Vallejo, autor de uno de los manuales de mayor circulación en nuestro medio de “Introducción a la psicopatología y la psiquiatría”, dedica el segundo capítulo de dicha obra a revisar las distintas escuelas y corrientes de pensamiento dentro de la psiquiatría, y al psicoanálisis entre otras (página 29).
Sintetiza, al final del correspondiente apartado, las críticas que “con mayor o menor razón” - son sus palabras - han incidido sobre el modelo psicodinámico, después de formular sus principios (como lo hace respecto a las demás corrientes). Aunque algunas de estas críticas son ya muy conocidas, me parece útil presentar la lista:

Para seguir leyendo, pulsar aquí: ¿Puede el psicoanálisis ser políticamente correcto?

Leer el artículo completo.

Mario Polanuer

dijous, 15 de novembre del 2007

De Felicidades Reales o Fingidas


Estos días he visto otra vez cómo, cerca de mí, una adolescente que necesitaba, que pedía a gritos una escucha, un espacio donde preguntar(se), era conducida a la consulta de un psiquiatra de mi barrio (todos parecen estar por aquí, los buenos y los malos), que la tranquilizó diciéndole que lo suyo era un problema fisiológico, que se curaba con química, y acto seguido le recetó (sin duda ese profesional, además de los 300 euros que les cobró por la consulta, será premiado por los laboratorios) un símil del prozac y diazepam para las "crisis".

No he podido evitar que ese hecho me recordase viejas historias más tristes (y también otras que acabaron bien), ni que me preocupase cómo ese hecho afectaba a otros cercanos. Yo sé que soy radical y no puedo evitarlo. He visto demasiado encarnizamiento, he visto destruir o destruirse a alguien a base de intentar apagar, aparcar, negar, desviar el dolor con química, sin preguntar/se. Y en cambio, he visto rehacerse, reconstruirse a otros creando un espacio donde interrogarse, escucharse, repensarse.

El otro día me mandaron un artículo de La Vanguardia que decía:
,-La Secretaria de Estado para la Salud británica ha aprobado un plan masivo para que puedan acceder a la terapia psicológica más de 900.000 personas afectadas por problemas de ansiedad y depresión. Se ha comprobado científicamente que son tan eficaces como los fármacos y que los deben complementar. El plan ahorra 17 billones de euros en costos por bajas médicas, desempleo, y costo asistencial, y su costo va a llegar a los 245 millones, por lo que la propuesta no es sólo viable, sino un ahorro presupuestario, a la vez inteligente y sensible a las necesidades de la población. La decisión no es fruto de presiones realizadas por el colegio de psicólogos sino que se ha tomado después de que el prestigioso economista Lord Layard, profesor de la London School of Economics, elaborara un informe en el que se afirma que la salud mental es "el factor más importante con respecto a la miseria humana en este país... y debería ser una prioridad del gobierno". Según este informe, redactado hace más de dos años, los problemas de salud mental afectan al menos a 1 de cada 6 personas en algún momento, y si 900.000 personas recibieran atención psicoterapéutica se daría una reducción estimada en 25.000 personas en situación de desempleo, baja laboral o por discapacidad. Cada una de estas personas cuesta a las arcas del tesoro británico más de mil euros. Los beneficios de esta medida van a financiar con creces su costo, dice Layard, hasta hace poco asesor económico de Gordon Brown y del gobierno ruso. Y añade, el problema tiene solución porque las terapias psicológicas han mostrado empíricamente su eficacia para estos problemas, tal comoreconoce el Instituto Nacional británico de Salud para la Excelencia clínica, de acuerdo con sus rigurosos criterios. La situación no es nada diferente en nuestro país, y aun sin contar con un estudio macroeconómico, sabemos que cerca del 15% de la población adulta (y cerca de un 3% de la infantil) sufre problemas de salud mental (Encuesta Nacional de Salud, Ministerio de Sanidad,2006). Los costos en bienestar personal, familiar y social son enormes. Pero quizás lo único que puedan escuchar los responsables de los presupuestos gubernamentales sean los argumentos economicistas. Que tomen buena nota de los ingleses y harán un gran favor a la economía del país, y lo que es más importante, a la salud de los ciudadanos. Y por una vez, una cosa puede no ir en detrimento de la otra, sólo falta inteligencia, visión política y valentía para llevarlo a cabo. ¿Dispondrán nuestros dirigentes de tan preciadas cualidades?

Que cada cual piense lo que quiera. Lo mismo serviría para otras obsesiones mías. También en política, también contra el terrorismo, también para la memoria histórica: Hablar en vez de callar, pensar en vez de adormecerse, dialogar en vez de limitarse a mandar a la policía. Intentar entender y observar, analizar con pinzas: aunque duela un poco la herida, se airea, se limpia, se cura, cicatriza... aunque siga doliendo en los cambios de estación, ya no supura, ni hiede, ni pudre y gangrena el resto. Se la puede mirar, no es peligrosa como antes. La química, como la policía contra el terrorismo, puede servir en momentos de emergencia, pero no sustituir la escucha y el diálogo. Yo he visto personas convertidas en zombis gracias a la química, y he visto otras que funcionan, pero sin poder dejar sus fármacos, sometidas a sus efectos secundarios, deformados sus cuerpos y medio muerta su líbido, debilitados -convencidos de que no tienen recursos para soportar el dolor y superarlo- y con el problema a cuestas, cada vez más viejo e insidioso, con su estela de tristeza, sin resolverse ni airearse ni entenderse, condenados a repetir patrones dolorosos sin poder siquiera darse cuenta.

El otro día leí una reseña absurda contra el número 30 de la revista La Règle du jeu, dirigida por el sorprendente BHL, dedicada a defender el psicoanálisis frente a la última y siempre furiosa oleada de adversarios, y donde recogía testimonios de escritores, actores, intelectuales franceses reconocidos y agradecidos a la práctica freudiana y lacaniana, que les ayudó a (re)construirse y a escribir y a vivir en el mundo. El reseñista decía que, a pesar de su admiración por esos intelectuales, actores, políticos, escritores, ¿cómo podía prestigiar al psicoanálisis saber que había ayudado a gente inteligente y valiosa? Oh no, ¡sólo valdrían las estadísticas! Pero claro, pensé yo, la posición de alguien que valora los métodos estadísticos para registrar el sufrimiento mental o la mejora en la calidad de vida es bastante alejada del psicoanálisis. Medir el dolor, el sufrimiento, la curación en números generales, y no comparando a cada uno consigo mismo. Y ahora veo en ese artículo que las estadísticas y los números de los economistas también están de acuerdo en que la salud mental mejora con las terapias y el psicoanálisis.
A los que estamos cerca del análisis, me dijo alguien el otro día, nos cuesta entender que alguien prefiera tomar pastillas o darlas a sus hijos antes que hablar de las cosas en una consulta. Ese dolor generalizado, obstinado en perpetuarse e intentar enterrarse antes que enfrentarse con valor a cualquier verdad, nos rodea sobre todo en un país como éste, donde el silencio, la evasión, la negación han sustituido históricamente a la reflexión, la historia, la filosofía, como señalaba María Zambrano. Nada es casualidad. Nuestros vecinos franceses debaten, discuten, reflexionan, teorizan y nosotros tratamos de olvidar(nos)...

Yo misma sólo puedo asociar y agradecer al espacio psicoanalítico mi extraña felicidad inquieta y sembrada de puntos dolorosos, donde lo esperanzado macera con el asombro, esa vida de andariego pensante y/o rumiante, los interrogantes, la placidez, la desesperación y los arranques aventureros, el miedo y las tristezas viejas, todo arrollado en un torbellino vital y energético y las visiones burlonas de mi mismidad, en constante transformación, perplejidad y pensamiento, todo mijote, todo cuece en la misma cazuela analítica de mi lenta escritura a trompicones, salvada de mi pasado a base de integrarlo, de acogerlo, casi de acunarlo, invitando a mis demonios a comer.

Y hablando de comer, ayer olvidé contar una cosa. Tengo una amiga que detesta las patatas en cualquiera de sus formas, así como la sopa. Tampoco le interesa lo dulce. Yo, que observo con admirada envidia su sobriedad, identifico su rechazo de esos azúcares e hidratos de carbono con su independencia y su distancia de las emociones. Seguramente es una de mis fantasías, pero no puedo evitarlo.
Isabel Nuñez