dijous, 16 de desembre de 2010

De un librero todavía aturdido

Iba yo a la inauguración de una exposición de fotografías de un amigo...

... cuando, al llegar al número 36 de la calle Sant Eusebi -esa era la dirección de la exposición-, me encontré con un local que tenía muy poca iluminación. Se vislumbraba la luz tenue de alguna lámpara. ¿Una exposición con esta iluminación? ¿Habrá una sala interior? Sin tiempo a reaccionar, mi amigo el fotógrafo, empujándome, me hizo atravesar el umbral. El umbral de un sueño. Sueño no soñado y ni tan siquiera ensoñado.

En un decorado digno de una película de David Lynch, sufrí (disfruté, après-coup) el primer 'shock' de la noche: "todos" los Amigos de Xoroi me estaban esperando y aplaudiendo. Después supe que sonaba como música de fondo el tema de Indiana Jones, ya que en aquel momento apenas entreveía a un numeroso grupo aplaudiendo(me). No puedo recordar cómo reaccioné. Ahora pienso en esos rostros de sorpresa que uitilicé para hacer el cartel de los 30 años de Xoroi. El rostro de un niño (de un bebé) y el de una mujer en una imagen publicitaria de los años 50 expresando asombro. No podía sospechar que estas expresiones se convertirían en mi autorretrato.

Y después, cuando ya no sabía si era a mí, al fotógrafo o al barman a quien se rendía homenaje, aunque todo el mundo me felicitaba y se felicitaba por haber sabido guardar el secreto de la fiesta, llegó la lectura por parte de Mercè Collell del discurso escrito por el creador del foro de los Amigos de Xoroi: Manuel Pombo. Un magnífico homenaje al oficio de librero. Sin darme ni un pequeño respiro, Julieta me entregó una copia de la portada de La Vanguardia del día 11 de Diciembre de 1980 informando de la apertura de una librería especializada llamada Xoroi y regentada por un joven librero. Y ya sin compasión me hicieron entrega de otro regalo: un viaje a Viena, a la casa museo de Freud, para dos personas. Todo ello acompañado de una excelente banda sonora (gracias, Juan José).

Creo recordar que apenas pude balbucear alguna tontería.

A la fiesta acudí con mi compañera, Marga, que pasó tantos o más nervios que yo. Y aunque sólo los que la conocen lo saben, ella es la auténtica creadora de la Xoroi. A ella mi homenaje particular.

Me ha costado escribir estas líneas. Desde el domingo lo he estado intentando. Puede ser que ahora empiece a aterrizar. Sin temor a que se me considere cursi, os puedo asegurar que lo que viví el sábado lo guardaré para siempre en mi memoria ("si me lo permite ese médico alemán cuyo nombre no recuerdo") y en mi corazón. Cómo dice el título de la canción (y de una peli) esas son "cosas que hacen que la vida valga la pena".

Un homenaje dice más de los que lo rinden que del que lo recibe.

Creo que merece la pena destacar lo que habéis conseguido: el colectivo de psicoanalistas, de líneas y escuelas diversas, se ha puesto de acuerdo para reunirse y festejar... no importa qué. Y, dado que resulta bastante insólito, creo que quizá deberíamos aprovecharlo... (se admiten propuestas).

Acabo con la palabra que he pronunciado más veces en estos días: GRACIAS. Un gracias abierto, sincero, con ganas.



Salvador Foraster

dimecres, 15 de desembre de 2010

Discurso escrito por Manuel Pombo en ocasión de la celebración de los 30 años de la Xoroi


30 años de nuestra querida XOROI

(Texto leído por Mercè Collell en la fiesta sorpresa organizada por clientes y amigos de la Xoroi)


Muy querido Salvador, muy querido amigo y librero:

En estos momentos, sábado día 11 por la tarde, tenía que ser yo quien leyese estas palabras escritas para ti con motivo de este homenaje que todos tus amigos hemos convocado para celebrar los 30 años de nuestra querida librería XOROI. Siento tanto como puedes imaginar no poder acompañarte y disfrutar de tu compañía y de la de todos los amigos que tanto te queremos.No sé qué extrañas fuerzas se confabularon contra mí para no poder estar con todos vosotros en este acto tan entrañable: el viernes, día 3, de camino al instituto sufrí una caída (maldita placa de hielo) y, aunque las consecuencias no fueron graves, tengo afectada una rodilla y un costado que me obligan a guardar reposo. Para no pelearme con mi obligada quietud estoy releyendo estos días Teoría psicoanalítica del accidentarse de Julio Granel. Confieso que no me veo reflejado en sus páginas; a veces una caída es solamente una caída. Además, como dice el tango un tropezón cualquiera da en la vida (o muchos, cada cual que cuente los suyos si es que no pierde la cuenta). Ya te comenté por teléfono que sólo circunstancias ajenas a mi voluntad podían impedir mi presencia entre vosotros.

Querido Salvador, este humilde y entrañable homenaje que te rendimos tus queridos amigos de XOROI es nuestro gesto simbólico de profundo agradecimiento y afecto por todo cuanto nos has donado como librero y amigo, palabras inseparables. Gracias a ti supimos lo que significa el oficio de librero, un saber impagable en estos tiempos de impostura y estupidez colectivas (hoy decía EL ROTO en su viñeta que ser mediático consiste en mostrar lo peor de la condición humana). Gracias a ti, a lo largo de estos 30 años - a mí me tocan 13, dichoso el día que te encontré - todos nosotros somos más cultos, nuestra vida es más rica y más digna porque a fin de cuentas no hay otro paraíso que los libros. Y todos nuestros libros de XOROI tienen un plus de encanto y de valor porque llevan la impronta de tu gesto, de tus palabras, de tu generosidad y desprendimiento al depositar en nuestras manos tan preciosos y preciados tesoros.

Querido Salvador, hace un año, con motivo de la presentación de mi libro en El Ateneo (de la que tú te encargaste), te dije que mi tesis doctoral, mi libro, tiene mucho que ver contigo; sin tu colaboración inestimable e impagable todo cuanto he escrito no hubiera sido posible y en todo caso hubiera sido una escritura muy pobre. Nunca olvidaré las facilidades de todo tipo que me brindaste desde el primer día para llevar adelante mis proyectos, y la tranquilidad añadida de saber que siempre estabas ahí, en nuestra querida XOROI, para ofrecerme toda tu colaboración sin pedirme nada a cambio. Cuando hablé contigo por primera vez no pude imaginar ni en mi fantasía más desatada que, como en Casablanca, eso era el principio de una gran amistad (aunque no tardé mucho tiempo en sospecharlo y confirmarlo). Después todo lo demás vino por añadidura: el final feliz de mi doctorado, vuestra amable invitación a colaborar en la revista ALOMA, la presentación de mi libro en Barcelona y en Santiago, ¡y en Buenos Aires! donde hablé de ti con gran orgullo y alegría en la A.P.A. y en el Museo del Holocausto para difundirte allende los mares en muy merecido reconocimiento a tu ejemplar tarea de difusión del Psicoanálisis con la que tanto nos has enriquecido a todos.

Estoy convencido que todos los amigos que hoy te acompañan pueden suscribir mis palabras cada uno a su manera.Por todo ello querido Salvador, y por mucho más, te reitero que nos perteneces, que eres nuestro, que eres nuestro Salvador (que cada cual lo interprete como mejor prefiera). Gracias, muchas gracias, por todo cuanto nos has dado.

PER MOLTS ANYS, QUERIDO LIBRERO Y AMIGO, QUERIDO SALVADOR.

Manuel Pombo.